Cristianismo en Libros
Canal dedicado al estudio serio y profundo del cristianismo primitivo desde las fuentes históricas.
Aquí exploramos la teología de los primeros siglos a través de los Padres de la Iglesia, concilios, escritos patrísticos y libros académicos especializados.
Nuestro enfoque principal es el monarquianismo (unicidad de Dios), el desarrollo doctrinal de los primeros cinco siglos y la recuperación de fuentes que suelen pasar desapercibidas en la enseñanza tradicional.
Contenido basado en investigación real:
• Análisis de libros académicos
• Traducciones y comentarios de fuentes primarias
• Estudios sobre concilios (Nicea, Sárdica, etc.)
• Padres de la Iglesia (Calixto, Ireneo, Tertuliano, Novaciano, Marcelo de Ancira, etc.)
Si buscas un estudio serio, profundo y honesto del cristianismo antiguo, este es tu lugar.
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Cristianismo en Libros
Nos proponemos mostrar y ensanchar en esta publicación la lista de los loci classici o textos clásicos usados por los monarquianos para defender su doctrina. Antes de continuar, debemos preguntarnos: ¿Qué significa loci classici? Según el Oxford English Dictionary, la cita más antigua registrada donde aparece en su forma singular locus classicus es un texto del teólogo y pastor puritano John Robinson, en 1657, que en su forma plural es loci classici, que significa pasajes clásicos o lugares clásicos. Ahora bien, para nuestro propósito nos basaremos en la recopilación y crítica que hace Eusebio de Cesárea, señalada por Samuel Fernández:
“Estos tres versículos de Juan son los loci classici de los monarquianos para afirmar la identidad entre el Padre y el Hijo. Así lo denuncia Eusebio de Cesárea: 'Por ello, Marcelo y los que, de su misma manera, piensan como Sabelio, se valen habitualmente de tres expresiones intentando demostrar que el Padre y el Hijo son uno, a veces: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 10,30), otras: "El Padre está en mí, y yo en el Padre" (Jn 14,10) y: "El que me ve ha visto al Padre" (Jn 14,9)'” (Marcelo de Ancira, Carta a Julio. Fragmentos teológicos. Sobre la Santa Iglesia, ed. Samuel Fernández, Fuentes Patrísticas 36 (Madrid: Editorial Ciudad Nueva, 2022), 111, n. 31. La nota remite a Eusebio de Cesárea, De ecclesiastica theologia 3.19.2 (GCS 14:180, 11–15).
Eusebio de Cesarea, en muchas ocasiones, no suele ser un testimonio neutral; por tal motivo, en más de una ocasión, los historiadores modernos que tratan de abordar la historia de forma académica y no tan sesgadamente lo han criticado. Por ejemplo, Markus Vinzent dice:
“No es casualidad que la Historia de la Iglesia de Eusebio (respaldada en parte por su Crónica) se convirtiera en la historia casi 'oficial'. Eusebio ofreció lo que Glen Bowersock describió como una comprensión antigua y típica de la historia, como un 'relato recibido del pasado que llegaba sin interrupción hasta el tiempo mítico'. Sin embargo, cabe plantearse la pregunta de si debemos seguir tomando la Historia de la Iglesia de Eusebio como nuestro principal libro de referencia. Ciertamente, la primera objeción a su sustitución será la siguiente: ¿cómo debería ser la alternativa si es, en muchos sentidos, el tesoro exclusivo —o al menos dominante— del que pueden disponer los historiadores?” (Markus Vinzent, Resetting the Origins of Christianity: A New Theory of Sources and Beginnings (Cambridge: Cambridge University Press, 2023), 116–117).
Aunque la crítica de Markus Vinzent se dirige primordialmente a la Historia Ecclesiastica de Eusebio, que se convirtió en la narración casi oficial del cristianismo primitivo, su observación también aplica a ecclesiastica theologia, ya que Eusebio no separa estrictamente la historia de la teología, sino que ambas sirven a su proyecto de construir una tradición eclesiástica continua y legitimadora. Por lo tanto, si hemos de tomar como verdadero el testimonio que el influyente historiador de Cesárea nos brinda, serían tres los textos clásicos y todos del evangelio de Juan. No obstante, como dijimos al principio, nuestra intención es ensanchar la lista de loci classici usados por los monarquianos en los primeros siglos de la iglesia. Aunque no es nuestra intención profundizar (por ser una publicación en YouTube), en cada uno de los textos que señalaremos en esta publicación, nos limitamos a profundizar solo en un texto clásico monarquiano que sería Lucas 1,35 y a mostrar la lista de loci classici que deben ser añadidos a la lista de Eusebio de Cesárea. Además, debemos aclarar que estamos siguiendo la “regla eusebiana”; para que un texto sea considerado loci classici monarquiano en nuestra lista, debe ser interpretado de la misma manera, al menos por dos escritores. Recuerde las palabras de Eusebio de Cesárea: “Por ello, Marcelo y los que, de su misma manera, piensan como Sabelio, se valen habitualmente de tres expresiones intentando demostrar que el Padre y el Hijo son uno”.
Sería una torpeza pensar que los monarquianos solo usaban estos textos bíblicos para defender su fe, así que en esta lista mostramos de lo que se tiene registro y que fueron usados por todos los que mencionaremos. Ahora bien, para llegar a nuestro objetivo debemos recorrer todo el imperio romano y parte del imperio persa, de donde sacaremos los loci classici que son los siguientes: Juan 10,30; 14,9; 14,10; Baruc 3:36.38, considerado canónico por la iglesia católica y apócrifo por los protestantes; Lucas 1,35; Deuteronomio 6,4; Juan 3,5; Hechos 2,38; 4,12; 1 Corintios 8,6; Marcos 16,16; Isaías 7,14; 9,6.7; 44,6.7; Hebreos 1,3; 2,12.13; Salmos 45,1; Juan 17,3; 1 Juan 5,20; Filipenses 2,6.7; Efesios 4,5.6; 1 Timoteo 2,5; Colosenses 1,15; 1 Corintios 1,24; Juan 1,1; Deuteronomio 32,39. Ahora presentamos (de lo que se tiene registro) la lista de obispos y escritores que usaron por lo menos algunos de estos textos bíblicos para enseñar y defender el monoteísmo radical, la plena Deidad del Hijo sin hacerlo otra hipóstasis subordinada o coigual al Padre, la plena humanidad de Cristo y el bautismo en agua y en Espíritu para entrar al cielo: las cartas clementinas, Ignacio, Teófilo, Pablo, y Eustacio de Antioquía, Melitón de Sardes, Hermas, Ceferino, Calixto, Dionisio y Julio de Roma, Ireneo, Noeto, Praxeas, Comodiano, Victorinus, Marcelo de Ancira, Paciano, Prisciliano, Filogonio, Sisenius, pseudo Macario, Afrahat, Baquiarius, Heraclides, Osio, Protogenes, Fotino, y algunos Hechos apócrifos.
Debemos aclarar que la idea de loci classici no es nuestra; lo que sí es nuestro es ensanchar la lista. No queremos, por ningún motivo, ser deshonestos y faltos de integridad como algunos; tampoco queremos que las siguientes palabras de Dostoyevski caigan en nuestras almas como agua fría:
“A otro le ha bastado aceptar sin más ni más una idea que alguien le ha expuesto o leer una página de algo sin preocuparse de su principio ni de su fin para creer enseguida que las ideas así adquiridas son sus 'propias ideas', nacidas en su propio cerebro.” (Fiódor M. Dostoievski, El idiota, trads. José Laín Entralgo y Augusto Vidal (Barcelona: Penguin Clásicos, 2019), 570.)
Además, como es sabido, llevamos años estudiando el monarquianismo; hemos notado que siempre hay algo más que añadir a nuestras investigaciones, por lo tanto, somos conscientes de que pueden (y deben) faltar más textos y escritores que posteriormente serán añadidos a nuestra lista. Por último, como dijimos arriba, analizaremos el texto de Lucas 1,35 como ejemplo de loci classici monarquiano, pero por reglas de YouTube (“una publicación escrita no debe ser tan extensa”) lo haremos en la próxima publicación.
4 days ago (edited) | [YT] | 25
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Bendiciones. En este video realizado por el hermano Franklin González del canal @Kairos507 aprenderás lo que es el sello del Espíritu Santo y el Nombre en la frente. ¡No te lo pierdas!
2 weeks ago | [YT] | 14
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El Dr. Samuel Fernández es posiblemente el experto en materia de los primeros siglos de la iglesia mejor posicionado en Latinoamérica de la actualidad. Fue discípulo de M. Simonetti y ha traducido obras muy importantes para el beneficio de los amantes de la historia, entre las que están: Acta Synodalia, Hilario de Poitiers Sobre los Sínodos, Marcelo de Ancira: Carta a Julio, Fragmentos teológicos, y Atanasio Sobre los Sínodos, en este último dedica unas palabras a la memoria de Simonetti. Tengo la esperanza de que sea el Dr. Fernández el encargado de traducir y comentar los escritos de Eustacio de Antioquía al español. Sin embargo, como ya señalamos en otra publicación, los eruditos trinitarios en muchas ocasiones suelen traducir desde el corazón y no desde la razón, es decir, desde su dogmatismo, y el bueno de S. Fernández no está absuelto de tal cosa. Sobre el Logos de Marcelo de Ancira, Fernández dice:
“Por último, dado que para Marcelo, el λόγος [Logos] no es una realidad subsistente, sino una facultad divina, cuando este término está en boca del obispo de Ancira, se transcribe logos con minúscula; en cambio, cuando el que lo pronuncia lo considera una realidad subsistente, entonces se translitera Logos con mayúscula.” (Marcelo de Ancira, Carta a Julio; Fragmentos teológicos; Sobre la santa Iglesia, ed. y trad. Samuel Fernández, Fuentes Patrísticas 36 (Madrid: Editorial Ciudad Nueva, 2022), 87.)
La interpretación que Fernández realiza del Logos de Marcelo es holísticamente sesgada por su fe trinitaria y no es filológica porque Fernández entiende que el Logos de Marcelo no es otra hipóstasis/persona distinta al Padre; por tanto, debe traducirse al español con minúscula. No obstante, para Marcelo el Logos es Dios mismo, el Dios verdadero, el único Dios encarnado, el Espíritu Santo, el Soberano, el Creador de todo. Sin una interpretación dogmática, es decir, con mayúscula y no minúscula, del prólogo de Juan citado por el obispo de Ancira registrado en la carta a Julio I, se miraría así:
“En el principio estaba el Logos, y el Logos estaba ante Dios, y el Logos era Dios. Todo fue hecho por medio de él, y sin él nada ha sido hecho.”
En una conferencia realizada en 2025, el erudito chileno afirmó algo similar sobre el Logos aplicado a Teófilo de Antioquía. Esto parece señal de honestidad; no obstante, es un intento fallido de honestidad académica porque Fernández declara un criterio (p. 87) que suena razonable y transparente: “cuando este término está en boca del obispo de Ancira, se transcribe logos con minúscula”, pero luego no aplica ese criterio de forma coherente. En documentos tan monarquianos como Sárdica, donde el Logos tampoco es otra hipóstasis, usa mayúscula. Eso rompe la lógica interna de su propia regla. Él traduce en Acta Synodalia el Logos de Sárdica de la siguiente forma:
“Confesamos que el Hijo es el Poder del Padre. Confesamos que es el Logos de Dios Padre, fuera del cual no hay otro, y que el Logos es verdadero Dios, Sabiduría y Poder.” (Arkadiusz Baron y Henryk Pietras, eds., Acta Synodalia: Documentos sinodales desde el año 50 hasta el 381, dir. Samuel Fernández (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 2016), 449.)
Fernández sabe mejor que nadie que en Sárdica condenan a las tres hipóstasis y usan los títulos de Logos y Espíritu Santo como nombres, expresiones y potencias que pertenecen al único Dios y Padre. Por último, Fernández también afirma que la carta de Marcelo a Julio I (considerado por Fernández como uno de los papas del catolicismo romano, aunque su cristología sea monarquiana) no es constancia de la ortodoxia de Marcelo y escribe un argumento inverosímil e indigno de un erudito de su nivel: “Marcelo fue astuto y engañó a Julio I”. ¿Cómo alguien con tanto grado académico puede plantear argumentos así? La respuesta es obvia: dogmatismo.
2 weeks ago | [YT] | 32
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La doctrina del Padre encarnado suena novedosa para algunos con poco conocimiento histórico, mientras que la doctrina de tres personas coiguales se percibe como algo arcaico que siempre fue creído por los cristianos. Sin embargo, las evidencias históricas indican lo contrario. Para encontrar la Trinidad ortodoxa de tres personas coiguales, es necesario esperar hasta el Concilio de Constantinopla del 381, tres siglos después de los apóstoles. Antes de dicha fecha, en algunas corrientes emergentes se creía que el Hijo era Dios en grado menor y estaba subordinado al Padre, a tal punto que algunos, como Justino, lo llamaban “otro Dios” después del Padre. A esto se le llama erróneamente la teología del Logos, erróneamente porque los monarquianos también hablaban y defendían el Logos expresado por el Padre sin hacerlo otra hipóstasis, porque ellos sostenían su fe en la Biblia, que habla de una única hipóstasis divina, como lo muestra Hebreos 1:3.
Además, la creencia del Padre encarnado, o como la llama J.N.D. Kelly “Jesucristo, la manifestación terrestre del Ser divino”, era una creencia muy popular y enraizada entre los cristianos de los primeros siglos. Según Joseph Turmel, esta creencia se encontraba muy difundida en Oriente, Asia Menor (Ignacio de Antioquía y Melitón de Sardes, siglo II) y en Arabia en el siglo III, con obispos como Berilo y Heraclides, contra los que debatió el didáctico Orígenes de Alejandría. Aunque, según Harnack, estos dos obispos de Arabia no son muy claros en su doctrina monarquiana (por lo menos en lo que se conserva de ellos), no obstante, Harnack dice que estos obispos revelan que la creencia en tres hipóstasis, salida de Alejandría, no era universal. También se puede ver en Comodiano en Gaza, frontera con la tierra de los judíos; algunos dicen que Comodiano es del siglo I, otros del II o III. No se queda atrás Ireneo al decir que el Logos es el Padre y que el Verbo (Logos) es el Padre de familia. También se puede ver en algunos de los Hechos apócrifos de los apóstoles. No basamos la fe en libros apócrifos, pero como bien dice Markus Vinzent, estos libros solo reflejan la fe común de los cristianos de esa época. Pienso que podemos agregar a Pablo de Samosata en la Antioquía del siglo III en esta fe, a Noeto de Esmirna y, fuera del imperio romano, se encuentra a Afrahat del siglo IV en el imperio Persa, en las homilías de Macario de Egipto del siglo IV, que tanto se parecen a los escritos de Afrahat y nos hacen recordar a Ignacio de Antioquía, en Sisenius de Libia en el norte de África. Parece ser que Sisenius solo es el reflejo de los monarquianos del siglo III que, por su cercanía a Alejandría, debatían fuertemente contra los subordinacionistas y sus tres hipóstasis. Poca duda hay, como afirma Kelly, que los monarquianos de la pentápolis Libia sostenían como su bandera la palabra homoúsios para unir al Padre y al Hijo en una única ousia/hipóstasis/persona. Además, es muy probable que sean a estos monarquianos a quienes Orígenes tiene en mente cuando escribe que ellos dicen: “Que el Hijo y el Padre no se distinguen en el número, sino que son uno no solo en cuanto a la sustancia (ousia) sino también al sustrato, que difieren de acuerdo a ciertas epínoias, y que son llamados Padre e Hijo, no de acuerdo a la hypóstasis”.
En otro lado, el mismo Orígenes dice sobre los monarquianos: “Admiten que el Padre y el Hijo son uno solo por hipóstasis; mientras que distinguen el único sustrato por el solo punto de vista y por los nombres”. Y en otra parte los critica por decir que el Padre y el Hijo no difieren por ousia. Resulta evidente que la fórmula de Nicea y su homoúsios brotan de la tradición monarquiana, como bien afirma R. Hübner, y no de la tradición subordinacionista de Orígenes, representada por Eusebio de Cesárea y Arrio.
Ahora bien, el Occidente del imperio romano no se queda atrás. El Padre encarnado se puede ver en las cartas clementinas del siglo I y II, en los escritos atribuidos a los obispos de Roma Eleuterio y Víctor del siglo II, en Ceferino y Calixto, también obispos de Roma del siglo III, en Práxeas, llegado a Roma independientemente de si es Ireneo, como afirma Hall, o Calixto, como afirma Justo González, en el mosaico de la catacumba de Domitila del siglo III o IV, en escritores como Víctorinus de Roma, que aunque navegue en las aguas profundas de la filosofía, su barco siempre desembarca en puerto monarquiano. Incluso se puede ver en personajes del siglo IV que están en transición del monarquianismo a un pluralismo torpe, como son los casos de Zenón de Verona, Gregorio de Elvira y Prudencio, aunque a este último lo considero más monarquiano que otra cosa, en los obispos de Hispania como Paciano y Prisciliano del siglo IV. Según Joseph Turmel, Osio de Córdoba llevó al Cristo latino, es decir, el Cristo de la iglesia occidental, al Concilio de Nicea. Según Turmel, el Cristo de Occidente defendido por Osio es el Padre encarnado, invisible en cuanto es Padre y visible en cuanto es Hijo. En la misma Hispania, en el siglo V, Simposio, Dictinio y Comasio, Baquiarius y la mujer monarquiana detrás del personaje literario llamado Helia.
No podemos dejar de lado a Marcelo de Ancira y Eustacio de Antioquía, ambos de Asia Menor. Ellos evitan ciertas expresiones que sí usaron escritores como Ignacio de Antioquía y Melitón de Sardes, porque ya en el siglo IV eran vistas como patripasianismo, aunque ninguno de ellos lo era. Cuando Ignacio, Melitón y Noeto afirmaban la muerte de Dios, lo decían como una paradoja doxológica, como bien señala el Dr. David Norris. Sin embargo, para Marcelo de Ancira y Eustacio de Antioquía solo hay un único Dios verdadero, sin distinción de hipóstasis, que se hizo hombre en Cristo por medio de la encarnación de su Logos o Espíritu Santo. El término patripasianismo es un insulto, una caricatura y una burla lanzada por los enemigos del monarquianismo. Según T. Zahn, A. Harnack y R. Hübner, los monarquianos fueron injustamente llamados patripasianos porque ellos no decían que moría el Padre, sino el Hijo. En todo caso, si existieron los patripasianos, Prisciliano de Ávila, que como bien afirma David Norris era un legítimo creyente en la unicidad de Dios, afirma que los patripasianos son herejes porque negaban al Hijo de Dios. No existe ningún escrito monarquiano que niegue al Hijo de Dios. Además, según Sardica, los arrianos decían que en la cruz murió el Logos o el Espíritu Santo; eso es patripasianismo. También somos conscientes de que en esta lista de monarquianos faltan personajes. No obstante, resulta evidente que en los primeros cinco siglos la doctrina de la encarnación del único Dios y Padre estaba por todo el imperio romano y en algunas partes del imperio Persa. Esta doctrina nunca necesitó de un desarrollo teológico y filosófico como sí lo hizo el dogma de la Trinidad, donde las hipóstasis/personas del Hijo y del Espíritu Santo pasaron de estar subordinadas al Padre a ser coiguales. Otro punto a tener en cuenta es que algunos escritores monarquianos decían que se encarnó el Padre, otros decían que se encarnó el Logos y otros decían que se encarnó el Espíritu Santo o el Espíritu Divino. Todos están en línea porque para ellos el Espíritu Inmortal no está dividido en hipóstasis/personas y veían a Jesucristo como la manifestación terrestre del Ser divino. Por último, está claro que la doctrina del único Dios encarnado es más antigua que la Trinidad subordinacionista y coigual, así que todo esto plantea una pregunta: ¿cómo se atreven a decir que esta doctrina es nueva y que la iglesia nunca la ha creído?
3 weeks ago (edited) | [YT] | 40
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Cristianismo en Libros
Bendiciones a todos en el poderoso Nombre de Jesucristo, Hijo del Dios Verdadero.
Como ya es sabido por todos, en este canal, estamos comprometidos a llevar al pueblo unicitario el elixir histórico sobre el monarquianismo primitivo con el cual tenemos muchas doctrinas en común. Por lo tanto, estaremos sorteando el libro con los escritos del niceno férreo, Marcelo de Ancira: “Carta a Julio, Fragmentos teológicos, Sobre la santa Iglesia (Fuentes Patrísticas nº 36)”. Como ya hemos señalado muchas veces en este canal, el influyente obispo de Ancira fue recibido por la iglesia oficial de Roma como un héroe de guerra con heridas y cicatrices a quien es digno de condecorar y defender contra los subordinacionistas (tres hipóstasis). También su teología, como bien escribe Markus Vinzent, era inspiradora para los obispos y cristianos de Roma. Marcelo escribe en su carta a Julio y a los obispos romanos:
“Por mi parte, he aprendido con precisión que la potencia del Padre, el Hijo, es indivisible e inseparable. Pues el mismo Salvador, nuestro Señor Jesucristo, dice: 'El Padre está en mí, y yo en el Padre. Yo y el Padre somos uno' y: 'El que me ve ha visto al Padre'. Tomando de las divinas Escrituras y aprendiendo de los predecesores según Dios, proclamo en la Iglesia de Dios esta verdad, y ahora te la escribo, guardando conmigo la copia de ella.”
Los tres textos del evangelio de Juan citados por el obispo asiático son los loci classici (textos clásicos) de los monarquianos. Sobre estos textos, Eusebio de Cesárea dice:
“Por ello, Marcelo y los que, de su misma manera, piensan como Sabelio, se valen habitualmente de tres expresiones intentando demostrar que el Padre y el Hijo son uno, a veces: 'Yo y el Padre somos uno' (Jn 10,30), otras: 'El Padre está en mí, y yo en el Padre' (Jn 14,10) y: 'El que me ve ha visto al Padre' (Jn 14,9)”.
El Dr. Samuel Fernández fue el encargado de traducir y comentar este tesoro monarquiano al español. Sobre los loci classici, él dice:
“Estos tres versículos de Juan son los loci classici de los monarquianos para afirmar la identidad entre el Padre y el Hijo”.
Todavía no tenemos fecha para realizar el sorteo, pero le aseguro que no está lejos. Para participar de este sorteo, lo único que debe hacer, usted, querido lector, es poner su nombre y apellido en la caja de comentarios de esta publicación o escribirme a mi WhatsApp +1 240 312 8731. Bendiciones y que gane el que Dios quiera.
3 weeks ago (edited) | [YT] | 33
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En la mitad del siglo III, la importante sede de Antioquía estaba dividida entre monarquianos (antioquenos) que hacían mucho énfasis en la plena humanidad y deidad de Jesucristo, la teología del Logos con sus tres hipóstasis subordinadas y los adopcionistas (que no son monarquianos). Al analizar la teología de un obispo antioqueno como Pablo de Samosata, nos encontramos con un caso muy parecido al de Sabelio, es decir, no existe ningún escrito de él. Cuando se le condenó en Antioquía (268), tal condena fue realizada por los subordinacionistas seguidores de Orígenes de Alejandría (tres hipóstasis), quienes lanzaron las acusaciones típicas de los originistas hacia los monarquianos, que no es otra que negar al Hijo de Dios que existía como Dios antes de todos los siglos (engendramiento eterno) como segunda hipóstasis subordinada al Padre y no en previsión, es decir, en la mente del Padre como un plan para venir a la tierra. Pablo no se quedó atrás y lanzó sobre los originistas la típica acusación que los monarquianos les achacaban, es decir, creer en dos dioses (dos hipóstasis). Tal acusación se puede ver en los monarquianos como Calixto a Hipólito, en los monarquianos romanos de mitad del siglo III a Novaciano, en los monarquianos contra Tertuliano, y en Marcelo de Ancira contra toda la teología del Logos. Además, Pablo de Samosata está en línea con sus predecesores en Antioquía, Ignacio y Teófilo, ambos de claras tendencias monarquianas; los tres eran partidarios del doble estado del Logos, que no es otra cosa que Dios en reposo y Dios en actividad, Dios en silencio y Dios hablando. Este doble estado del Logos era defendido por algunos subordinacionistas de forma torpe, pero rechazado por Orígenes de Alejandría porque, si se me permite la expresión, no le daba “espacio/tiempo” para el engendramiento eterno de la segunda hipóstasis. Como es costumbre, “los vencedores cuentan la historia” y los historiadores trinitarios han tildado a Pablo de adopcionista sin tener nada escrito de él. Existe evidencia de sus enemigos teológicos de la iglesia primitiva que lo ponen como negador de la divinidad del Hijo, pero ¿cuál Hijo negaba el obispo de Antioquía? Pablo no negaba al Hijo de Dios ni su divinidad, sino que negaba a la segunda hipóstasis engendrada eternamente y subordinada al Padre. Para él, como buen antioqueno, el Hijo era un hombre nacido de mujer bajo la ley y no un segundo fantasma aristotélico, como diría el bueno de Servet. También era defensor del homoúsios, otro motivo más para que los de la teología del Logos rechazaran dicho término. Según un escritor del siglo IV, Pablo de Samosata miraba el homoúsios de la siguiente manera:
“¿O quién, renacido en Cristo y que ha confesado al Hijo y al Padre, confesará [homoúsios] de acuerdo al Samosatense [Pablo] que Cristo, en sí, para sí mismo es padre e hijo?”
Simonetti lo pone en línea con Marcelo de Ancira. El discípulo de Simonetti, Samuel Fernández, dice: "La doctrina de Pablo de Samosata no parece ser un adopcionismo craso, sino más bien un monarquianismo que concedía una existencia eterna al Logos impersonal, el cual adquiriría consistencia personal y, por lo tanto, sería llamado Hijo solo a partir de la encarnación." De hecho, la carta de Himeneo afirma, contra Pablo, que el Hijo ‘existe como Dios antes de los siglos, no en previsión sino en sustancia y en hipóstasis’ […]. Esta misma doctrina fue profesada por Fotino.”
Este Fotino fue diácono de Marcelo de Ancira y posteriormente obispo de Sermio.
Los trinitarios nos acusarán de tomar a los escritores que ponen a Pablo como monarquiano y no como adopcionista, cuando ellos llevan siglos tomando a los escritores que lo ponen como adopcionista. Hay muchas más cosas que decir sobre Pablo, por lo cual pronto realizaremos un programa con el hermano Mike Camargo sobre el obispo monarquiano de Antioquía, Pablo de Samosata.
1 month ago (edited) | [YT] | 34
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El Mosaico monarquiano de Roma, ubicado en la catacumba de Domitila, algunos lo datan alrededor del siglo III y otros a mitad del siglo IV. La imagen está recreada con IA, basada en los datos de los arqueólogos que la encontraron. Dejaré la imagen con la inscripción en su latín original y en español; la inscripción en el mosaico dice: “tú que eres llamado Hijo, eres también el Padre”. Si alguien tiene una fotografía original, me encantaría verla porque yo no la pude encontrar. Aquí dejo el link del video que realicé sobre este hermoso mosaico: youtube.com/live/rGcE1d6Tx2k?si=GHgqk45iFL1Cxaaf
🚨 MUY IMPORTANTE 🚨
Las imágenes pueden ser tomadas y usadas por quien guste, siempre y cuando dé el respectivo crédito a la fuente de donde las tomaron. Ya me cansé de que tomen mi trabajo y lo publiquen bajo otros nombres sin pedirme permiso o darme el crédito.
1 month ago (edited) | [YT] | 39
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Muchas de las traducciones de los escritos cristianos de los primeros siglos de la iglesia que son realizadas por los académicos trinitarios suelen tener un sesgo trinitario a veces bastante marcado, que resulta en traducciones suavizadas, románticas, dogmáticas y apologéticas. Por ejemplo, a mitad del siglo III, Novaciano, que todo indica que fue discípulo del cismático Hipólito de Roma (Novaciano también terminó siendo un cismático excomulgado de la iglesia por los obispos de Roma y hasta el día de hoy es considerado hereje), escribió un libro que se llama De Trinitate (La Trinidad). Según Manlio Simonetti, es erróneo llamar a esa obra de esa manera porque solo habla del Padre y del Hijo y de una forma subordinada. Parece que Simonetti siente una cierta incomodidad (¿vergüenza?) con este escritor al decir que en Roma la teología del Logos (subordinacionistas/tres hipóstasis) no había avanzado mucho a la cabeza de Novaciano. En dicha obra se puede observar el llamativo y lamentable subordinacionismo ontológico de Novaciano; algunos académicos aceptan dicho subordinacionismo, otros no. Pero más llamativo resulta lo que Novaciano escribe sobre los monarquianos de Roma. Él dice:
“En este contexto se me permitirá buscar argumentos incluso desde el punto de vista de otros herejes. Es un tipo válido de prueba, el que también se toma del adversario, para que la verdad quede demostrada también por los enemigos mismos de la verdad. En efecto, es de tal modo claro que en las Escrituras se enseña que éste [Jesucristo] es también Dios, que algunos herejes, impresionados por la grandeza y la verdad de su divinidad, ampliando más de lo conveniente su honor, se atrevieron a proclamar o pensar que él no es el Hijo sino el mismo Dios Padre. Y aunque eso es contra la verdad de las Escrituras, sin embargo constituye un argumento de peso excelente a favor de la divinidad de Cristo, el cual es hasta tal punto Dios, en cuanto Hijo de Dios nacido de Dios, que algunos herejes, tal como hemos dicho, lo consideran de tal manera Dios, que piensan que hay que proclamarlo Padre, pero que no es Hijo. Por tanto, que juzguen si no es Dios éste cuya majestad impresiona tanto a algunos que, como hemos dicho antes, llegan a considerarlo como el mismo Dios Padre y proclaman la divinidad de Cristo tan sin medida y tan exageradamente, porque la evidente divinidad de Cristo les obligaba a pensar, simplemente porque lo veían como Dios, que era el Padre aquel que leían ser el Hijo.” (Novaciano 1996, 209).
Sobre estas afirmaciones podemos decir muchas cosas; no obstante, nos limitaremos (por ser una publicación escrita en YouTube) a señalar el aparente (o evidente) sesgo trinitario del patrólogo jesuita Carmelo Granado Bellido, el cual tradujo la obra ya citada de Novaciano al español. En la parte en la que Novaciano se refiere a los monarquianos diciendo: “algunos herejes”, en el original latín dice “plerique haereticorum”. Según Lewis and Short, A Latin Dictionary, “plerique” significa la mayoría o muchísimos. La traducción del De Trinitate de Novaciano al inglés realizada por Herbert Moore traduce la palabra "plerique" como “very many”, que es “muchísimos” y no “algunos” como traduce Granado. Además, en este párrafo relativamente corto, citado arriba, Novaciano usa dos veces la palabra "plerique" (muchísimos), haciendo énfasis en que no eran pocos los monarquianos en Roma para su tiempo. Herbert Moore parece resaltar la fuerza retórica de Novaciano; en cambio, Carmelo Granado no es neutral y, por ende, produce una traducción “suavizada, romántica, dogmática y apologética”, quizás para restarle importancia al gran número de monarquianos en Roma. Según Eusebio de Cesárea (HE VI, 43,11), en la mitad del siglo III la iglesia en Roma contaba con cuarenta y seis presbíteros y siete diáconos, y según se piensa, debe haber tenido entre treinta mil y cincuenta mil miembros, como bien afirma Simonetti en el Diccionario de Literatura Patrística. Quizás Simonetti está siguiendo a Adolf Harnack, que afirma algo similar.
Otro punto importante es que más adelante en su libro, Novaciano le reclama a un grupo de monarquianos el porqué, si ellos creen que el Padre y el Hijo son el mismo, se niegan a juntarse con Sabelio. Por lo tanto, no podemos pasar por alto que para el 263, Dionisio de Roma, probablemente siguiendo a su predecesor, el obispo Calixto un lider del monarquianismo en Roma, rechazó a Sabelio, también al arrianismo de Dionisio de Alejandría y las tres hipóstasis de Orígenes como un triteísmo. Según Simonetti, la línea doctrinal entre Calixto y Dionisio confirma que Roma rechazaba la teología del Logos de Novaciano y los encasilla en su denominado “monarquianismo moderado”, este monarquianismo moderado no es otra cosa que un intento por parte de Simonetti por salvar el “papado” de Roma, en el cual, por atrevido que suene de mi parte, el erudito italiano se refuta él solo (esto es explicado de forma profunda en mi libro). Un apologista dogmático por antonomasia, como lo es Gabino Uríbarri, da unas paupérrimas y dogmáticas interpretaciones sobre la teología de Dionisio y procede a reprocharle a Simonetti lo del monarquianismo moderado y de incluir a Dionisio de Roma en tal cosa. J.N.D. Kelly afirma que Dionisio de Roma toma un rumbo marcadamente monarquiano; además, la teología del obispo Dionisio de Roma es prácticamente igual a la de Marcelo de Ancira. Parece que no hay duda alguna de que Dionisio de Roma es el reflejo de los “plerique, very many, la mayoría, muchísimos,” monarquianos de los que habla Novaciano en su De Trinitate. Por último, si tomamos como verdadero el “plerique = very many, la mayoría, muchísimos” de Novaciano y los miles de cristianos en Roma según los académicos citados, esto plantea una interrogante: ¿cuántos de esos miles de cristianos de la capital del imperio eran monarquianos? Cualquiera que sea la respuesta que le demos, parece que la “profecía” lanzada en el siglo XX por el erudito alemán Adolf von Harnack se sigue cumpliendo en los académicos trinitarios católicos y protestantes. Él “profetizó” lo siguiente: “Los historiadores de la Iglesia han intentado ocultar o distorsionar la verdadera historia del monarquianismo.”
1 month ago (edited) | [YT] | 37
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Cristianismo en Libros
"Cristo, hombre, fue llamado por el apóstol [Pablo] Dios y Señor, y no nació en la divinidad, sino de la semilla de David y de una mujer".
-Prisciliano de Ávila.
1 month ago | [YT] | 29
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